Buen análisis de Jorge Schaulsohn que describe lo bajo en lo que ha caído la política chilena, teniendose que rebajarse a los pies de "un caudillo populista y agresivo".
Lo que está en juego no es el pliego de demandas de Franco Parisi ni la ansiedad de ambos candidatos por complacerlo. Lo que definirá la segunda vuelta es quién logrará encarnar con más credibilidad el deseo mayoritario de ruptura con lo que representa el presidente Boric.
Los guiños. La política suele dar giros inesperados, pero lo que estamos viendo en esta segunda vuelta supera cualquier libreto imaginable. Los dos candidatos a la Presidencia, respaldados por poderosas coaliciones y con trayectorias ideológicas completamente distintas, están dedicando sus mejores esfuerzos a rendir examen ante Franco Parisi, un caudillo populista de estilo agresivo.
- Los voceros de Parisi se pasean por los matinales y noticiarios como si fueran custodios de la verdad revelada. Pontifican, dictan cátedra sobre cómo debe gobernarse Chile, descalifican a uno y otro candidato y emiten exigencias programáticas con la solemnidad de un consejo de notables.
- Parecen convencidos de tener autoridad moral para evaluar, corregir y certificar a quienes lideran las dos principales coaliciones del país.
- Entiendo que ambos candidatos busquen aumentar su caudal de votos y también que quienes apoyaron a Parisi quedaron en la orfandad electoral y tendrán que optar. Pero todo tiene un límite, el que impone la preservación de la propia dignidad y la del cargo al que aspiran.
- Kast y Jara han permitido que Parisi los emplace públicamente, afanándose en responder diligentemente a cada una de sus exigencias, ajustando declaraciones, explicando propuestas y excusándose por posturas pasadas.
Recordando a MEO y Fra Fra. La candidata Jara ha llegado al extremo de calificar como “clasista” las declaraciones de Darío Quiroga, su hombre de confianza, y excluirlo del comando de segunda vuelta, a raíz de la aparición de un video antiguo en que éste vierte severas críticas hacia el populismo irresponsable de Parisi.
- Se ha desatado una suerte de histeria alimentada por “sesudos” análisis sobre la buena performance electoral del candidato del PDG, que lo ubicó en un tercer lugar, a menos de cinco puntos de Kast, un resultado no pronosticado por las encuestas. Digo “irracional” porque, sin pretender desconocer el éxito relativo del PDG, no estamos frente a un fenómeno nuevo ni tan extraordinario.
- Basta recordar que un outsider como Francisco Javier Errázuriz, más conocido como “Fra Fra”, obtuvo el 17% de los votos en plena época de gloria de la Concertación; y que Marco Enríquez-Ominami logró un 20% compitiendo contra un expresidente como Eduardo Frei. Ese voto huérfano, castigador, irritado con la política, siempre ha existido; solo que ahora se potenció con el voto obligatorio.
- La obsecuencia de Jara se debe a que tiene pocas opciones para crecer. Ya fue la candidata de toda la izquierda, sin exclusiones, más la DC; su electorado natural está completamente capturado. Y el votante de Parisi aparece como su principal fuente de votos nuevos, junto a los “viudos” de Matthei, que la apoyaban por considerar a Kast un peligro para la democracia, pero que, como quedó demostrado, no eran tantos como se pensaba.
- La situación de Kast es muy diferente. No necesita humillarse tanto como para declarar, casi con orgullo: “estoy haciendo lo que Parisi me pidió: estoy en la calle, hablando con la gente”. Como si el liderazgo de Republicanos, más toda la derecha, hubiese quedado subordinado a los caprichos de un caudillo digital.
El electorado de Parisi. Para aquilatar cuál de los dos “bandos” tiene mayores posibilidades de conquistar ese votante, hay que preguntarse: ¿cómo es realmente el elector de Franco Parisi? No es un bloque homogéneo ni responde a identidades ideológicas clásicas. Es pragmático, apolítico, y profundamente desconfiado de las instituciones.
- Es consumidor más que ciudadano, que elige al candidato como quien compara un plan de telefonía: el que ofrezca más beneficios con el menor costo emocional. Tiene sesgos pro-mercado, pero no es doctrinario; es más de derecha que de izquierda, pero, sobre todo, antipolítico.
- En su mayoría son jóvenes entre 18 y 40 años, de sectores populares, que se declaran sin posición política. Exhiben una altísima (73%) desaprobación de la gestión del gobierno, con un claro sesgo masculino. Es gente desencantada. Ese mundo no se moviliza por convicción, sino por rechazo.
- Parisi logra capitalizar ese malestar porque su figura no depende de estructuras partidarias ni de coherencia programática. Su liderazgo descansa en estar lejos, en hablar sin filtros y en no cargar con responsabilidad institucional alguna.
Una elección binaria. Para Jara, en cambio, el desafío es mucho más complejo: se trata de un votante hostil a la izquierda y, por ende, al gobierno, que ya votó por Kast en 2021. Por eso ella intenta recentrar la campaña para transformarla en una competencia de “propuestas”, incluyendo, naturalmente, las de Parisi y procurando que su condición de candidata del oficialismo pase a un segundo plano.
- Sin embargo, la salida de Matthei terminó de consolidar el carácter binario de esta elección. Su presencia mantenía vivo un debate programático más tradicional, con énfasis en la gestión, la eficiencia del Estado y una narrativa de moderación que obligaba a contrastar propuestas concretas.
- Pero sin ella eje de la contienda se redujo a su forma más esencial: continuidad o cambio. Esta elección no se ganará por eliminar el IVA de los medicamentos o los pañales, ni por prometer nuevos retiros “no inflacionarios”.
- Lo que está en juego, en el fondo, no es el pliego de demandas de Franco Parisi ni la ansiedad de los candidatos por complacerlo. Lo que definirá la segunda vuelta es cuál de los dos logrará encarnar de manera más creíble el deseo mayoritario de “ruptura” con lo que representa el presidente Boric. El resto, la rendición de examen, las reverencias y los gestos desesperados pertenece más al terreno del espectáculo que al de la política seria.
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