Para explorar el origen de esta venerada festividad, nada mejor que recurrir a la experiencia de Rolando Matus, un incansable investigador y recopilador de la historia más cercana de nuestra provincia. En su constante labor de rescatar la memoria histórica, Matus, seguramente, ha encontrado referencias sobre esta tradición en su minuciosa lectura de la prensa de antaño.
En este contexto, destaca un valioso artículo publicado hace varias décadas en la revista En Viaje, escrito entre los años 1960 y 1965 por los autores Manuel Gandarillas y Luis Enrique Delano. Este texto, rescatado por Matus, nos ofrece una mirada única y enriquecedora sobre los orígenes y la importancia de esta festividad en nuestras tierras.
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FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS NACIO EN LAS CATACUMBAS ROMANAS La festividad de Todos los Santos nació en los primeros tiempos del cristianismo, en los sombríos pasajes y laberintos de las catacumbas de Roma y tuvo por objeto honrar la memoria de los cientos de mártires que ofrendaron su vida en los circos y en las cárceles en holocausto de su fe. Es una festividad que se celebra con rito de primera clase en toda la iglesia latina el 1° de noviembre y la piedad cristiana ha hecho de ella una de las más populares y tiernas, especialmente con el complemento de la conmemoración de los fieles difuntos que empieza a celebrarse ese día y prosigue en el siguiente. La iglesia católica dedica este día "a todos los moradores del cielo, desde la Beatísima Trinidad, pasando por la virgen María y todos los ángeles hasta las diversas categorías de justos tanto del antiguo como del Nuevo Testamento, a los santos canonizados y también a los que no lo han sido". Se sabe que en Oriente se celebraba una fiesta en honor de todos los mártires ya desde el año 359. LA FIESTA EN CHILE Aparte del aspecto religioso, la festividad de Todos los Santos tiene en Chile un sello de romanticismo y un color que desde los tiempos de la Colonia ha sabido darle la idiosincrasia y la ternura de nuestro pueblo y también la época en que cae la festividad, época primaveral llena de flores que los chilenos cortan para adornar las tumbas de sus seres queridos que en este día resucitan en el recuerdo. Están vivos, porque como dice Maeterlink “Los muertos solo mueren cuando los olvidamos" y en Chile, pais de velorios y "animitas. todos los que se fueron están vivos, porque los llevamos en el pensamiento y en el corazón. En Chile celebramos equivocadamente el día de los muertos el 1° de noviembre. En realidad, el día de los fieles difuntos es el 2, según el calendario gregoriano, por el que nos regimos. El 1° es el día de Todos los Santos. Pero, en fin, las costumbres suelen sobreponerse a la rigidez del calendario y el 1° de noviembre se ven los cementerios llenos de gentes que van a visitar las tumbas de sus parientes y amigos, a depositar flores y, por qué no decirlo, a pasar un día de descanso, una especie de picnic sin bullicio, en el que se come y se bebe. Comidas y bebidas, por lo demás, siempre han tenido relación con los muertos, siempre han formado parte de los ritos funerarios. En toda vieja tumba indígena que se descubre, se encuentran alimentos junto a los despojos humanos. Los chinos, hasta hace veinte o treinta años, llevaban arroz cocido a sus muertos y en las propias tumbas de los faraones egipcios se hallaron granos de cereales y otros comestibles. LOS EXTRAÑOS CEMENTERIOS EL CEMENTERIO SIN MUERTOS El cementerio más extraño y pleno de poesía no es ninguno de los que he visitado llevado por mi curiosidad, o donde he ido a acompañar a mis muertos. Es un cementerio de hombres de mar, al que llegué por simple casualidad. que no está situado en el Oriente, ni en el corazón de Europa ni en los fríos archipiélagos de Escandinavia, sino en Chile, en una caleta de pescadores llamada San Vicente, junto al puerto de Talcahuano. Se sube a un cerro desde cuya cima se ve el ancho panorama del océano y allí están las tumbas. en el suelo, con cruces, inscripciones y coronas de flores de papel desteñidas por la lluvia pertinaz del sur. Hay nombres, los nombres chilenos de nuestros pescadores y fechas: la del nacimiento y la del día en que el mar les hizo la zancadilla, en que el naufragio los tumbó, enviando sus cuerpos a dormir al fondo del océano. Porque en ese cementerio de que hablo no hay muertos Hay tumbas, lápidas, coronas, pero no cuerpos. Es el único cementerio simbólico de toda la tierra, el único que no tiene muertos. Su destino es el de guardar sólo el recuerdo de los hombres de mar. pescadores y marineros, que murieron en pleno trabajo, con los zapatos puestos, y cuyos cadáveres no llegaron jamás a tierra. El 1° de noviembre van allí las viudas, las madres y los hijos, a comulgar con el recuerdo de esos muertos ausentes, y tal como en cualquier otro camposanto, arreglan las tumbas, limpian el polvo de las lápidas, riegan la modesta maceta de flores o depositan una corona funeraria en memoria del bravo marinero, del esforzado pescador, que nunca regresaron, porque no pudieron zafarse del abrazo mortal del océano.
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